|
En todas las actividades que realizamos en nuestra vida
cotidiana, bien sea jugar al tenis, al golf, hablar en
público, caminar, etc… necesitamos un mínimo de activación
para que dicha actuación sea adecuada: precisamente ese
nerviosismo es el que nos ayuda a que rindamos al máximo de
nuestras capacidades. Todos los jugadores en determinados
momentos de la competición notan cómo aumenta su ritmo
cardíaco, o sienten un cosquilleo en el estómago o incluso
cómo le tiemblan las manos. Estas sensaciones se deben a que
el nivel de activación del organismo ha aumentado por encima
de lo normal. Cuando un deportista rinde al máximo de sus
capacidades no quiere decir que no exista nada de nerviosismo
en su interior, es más, es necesario. Sin embargo, como en
todas las cosas, los excesos no son buenos. Cuando tenemos un
exceso de activación, éste se convierte en ansiedad, exceso de
preocupación, estrés…y nos provoca que los músculos se
agarroten, nos sintamos fatigados, inquietos, dudosos de
nosotros mismos, etc.
Ver
artículo completo
|